Apegos inseguros

Mi hija tiene un peluche favorito. Es un oso perezoso pequeño: Teto. En mi opinión tiene otros más lindos. Los misteriosos designios de los objetos de apego de las criaturas. Teto acompaña a mi hija en su vida. Teto está presente cuando yo no estoy. Teto va al kínder, Teto duerme con ella, Teto la abraza cuando llora por mi ausencia. También Teto va al parque, al supermercado, a todos los paseos, las fiestas y hace visitas a la familia. Teto llora, ríe, habla, juega, come, duerme y cumple años al menos una vez al mes. Teto se perdió. Ayer por la noche desapareció. Pero como buena madre ansiosa, Teto tenía un suplente. Un Teto nuevo de paquete esperaba en mi armario desde hace tiempo. El día que comprendí que Teto era parte de esta familia y que además estaba en Amazon a un precio razonable, no lo pensé. Rara vez la tranquilidad se compra. Cuando le di a Teto suplente a mi hija, que tenía unos 30 minutos de llorar desconsolada, lloró más. ¡Teto qué te pasó, este es otro chiquito mamá, no es mi chiquito Teto! Teto suplente y Teto original son iguales, lo que tienen diferente son tres años de vida en el planeta Alina. Es que lo lavé mi amor, porque estaba muy sucio, por eso quedó sedosito y rejuvenecido, le dije escondiendo mi culpa. Hoy Teto original apareció. Luego de un debate ético profundo decidí continuar con la mentira y esconder a Teto, el original. Le pedí disculpas y le agradecí su presencia en nuestras vidas. Lo abracé y lloré y temblando lo metí en una bolsa oscura al fondo de la repisa. Desde que lo hice me siento rara. Un poco secuestradora, un poco asesina y muy mentirosa. ¿En qué momento me convertí en esta persona que habla con los peluches? Desde que llegué a sus vidas, me contestó Teto desde el armario. 

Teto original que vive actualmente en una bolsa en el armario.

Teto suplente quien es ahora Teto original y vive con Alina.